No sé si os pasa, pero yo cada vez tengo más claro que las comidas que uno recuerda toda la vida no tienen por qué ser las mejores que ha comido.
He comido en buenos restaurantes, he probado platos estupendos y, como a casi todos los que disfrutamos comiendo, me gusta descubrir sitios y sabores nuevos.
Pero luego pasa algo curioso.
Si alguien te pregunta por una comida que recuerdes especialmente, muchas veces no te viene a la cabeza aquel plato espectacular de aquel restaurante. Te acuerdas de algo mucho más sencillo.
De las croquetas de tu abuela. Del guiso que hacía tu madre y que, por mucho que alguien intente repetirlo, nunca sabe exactamente igual. De aquella tortilla de patatas. Del arroz de los domingos.
Y seguramente muchas de aquellas recetas ni siquiera estaban escritas.
—¿Cuánto le echas?
—Pues un poco.
—¿Y cuánto tiempo lo dejas?
—Hasta que esté.
Con esas instrucciones había que intentar repetirlo.
Y casi nunca salía igual.
Porque probablemente lo importante no estaba solo en la receta.
Estaba en todo lo que había alrededor.
En quién estaba sentado a la mesa. En las conversaciones. En los domingos en familia. En esperar a que salieran las croquetas de la cocina y coger una cuando todavía quemaba.
Creo que en España tenemos mucho de eso.
Cada casa tiene sus croquetas, su tortilla, su arroz o su guiso. Y todos estamos convencidos de que los de nuestra casa eran diferentes.
Probablemente no lo eran tanto.
Pero eran los nuestros.
Y eso cambia las cosas.
Hoy tenemos acceso a una gastronomía que hace años era difícil imaginar. Probamos cocinas de otros países, ingredientes nuevos, restaurantes fantásticos… y yo soy el primero al que le gusta hacerlo.
Pero hay una competición que tienen muy difícil ganar.
La de un plato que sabe a tu infancia.
Porque cuando recuerdas de verdad una comida, muchas veces descubres que no estás recordando solamente lo que había en el plato.
Estás recordando a las personas que estaban alrededor.
Y mientras escribía esto he intentado decidir cuál sería esa comida para mí. No es tan fácil elegir solo una.
Por eso prefiero dejaros la pregunta:
Si mañana pudierais volver por un rato a una de aquellas mesas y repetir una sola comida, exactamente como la recordáis, ¿cuál elegiríais?
