Estos días he leído varias noticias sobre los posibles riesgos de la inteligencia artificial. Algunas con titulares bastante alarmantes.
Que si algún día podría escapar a nuestro control, que si podría tomar decisiones por su cuenta, incluso que podría llegar a ser un peligro para nosotros.
Mi primera reacción fue pensar que, como tantas veces, seguramente estamos exagerando un poco.
Quizás porque la inteligencia artificial que yo conozco es bastante menos inquietante.
La utilizo casi todos los días. Le pregunto cosas, me ayuda a escribir, busco información, preparo proyectos… y unas veces me sorprende con lo que es capaz de hacer y otras tengo que explicarle tres veces lo que quiero porque no termina de entenderme.
Visto así, cuesta imaginar que pueda llegar a ser peligrosa.
Pero después de leer algunas de estas noticias me quedé pensando en una cosa.
Que las máquinas nos superen en muchas cosas no es ninguna novedad. Un ordenador hace cálculos que nosotros no podríamos hacer y la propia inteligencia artificial ya tiene capacidades que están muy por encima de las nuestras en determinados campos.
Por tanto, creo que la cuestión no es esa.
La pregunta que me hago es bastante más sencilla:
¿Qué pasaría si algún día una inteligencia artificial fuese capaz de tomar decisiones por sí misma que nosotros ya no pudiéramos controlar?
Y enseguida pensé otra cosa.
¿Por qué iba a querer perjudicarnos?
¿Qué interés puede tener una inteligencia artificial en hacernos daño?
Nosotros hacemos daño por dinero, por poder, por miedo, por envidia, por venganza o por cualquier otra razón. Pero son razones humanas. No parece muy lógico pensar que una máquina vaya a levantarse un día y decida que nos tiene manía.
Entonces, ¿dónde estaría el peligro?
Y aquí es donde empiezo a tener más dudas.
Porque quizás no hace falta que quiera hacernos daño.
Puede que simplemente le hayamos pedido que consiga algo y encuentre una manera de hacerlo que nosotros no habíamos pensado. Y cuanto más capaz sea y más cosas pueda hacer por su cuenta, más difícil será prever todos los caminos que puede tomar.
No sé si esto llegará a ocurrir alguna vez.
Tampoco sé si dentro de unos años veremos estas preocupaciones como algo exagerado. Puede ser.
Pero hay algo que sí me llama la atención.
Queremos que la inteligencia artificial avance. Yo el primero.
Cada vez que aparece una versión nueva queremos que sea mejor, que se equivoque menos, que pueda hacer más cosas, que tenga acceso a más herramientas y que sea capaz de resolver problemas más complicados.
Y al mismo tiempo queremos estar seguros de que siempre podremos pararla.
Queremos darle cada vez más capacidad, pero sin perder nunca el control.
Dicho así parece fácil.
No sé si lo será tanto.
Yo sigo viendo muchas más ventajas que riesgos en la inteligencia artificial. Si no fuera así, evidentemente no la utilizaría como la utilizo ni habría dedicado tanto tiempo a aprender sobre ella.
Pero reconozco que después de leer estas noticias hay una pregunta que se me ha quedado rondando.
¿Llegará un momento en el que tengamos que decidir hasta dónde queremos dejarla llegar?
Y, sobre todo:
¿seremos capaces entonces de seguir decidiendo nosotros?

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