Cuando el tiempo vuelve a ser tuyo

Durante 38 años mi vida estuvo marcada por reuniones, objetivos y horarios. Siempre pensando en cumplir: cumplir con el trabajo, con los clientes, con los compañeros y con las responsabilidades de cada día.

Y un día, casi sin darme cuenta, todo eso terminó.

Dejé de mirar el calendario. Dejé de preocuparme por los objetivos del mes siguiente. Y fue entonces cuando me di cuenta de que tenía por delante una etapa completamente nueva. Una etapa en la que el tiempo, por primera vez en muchos años, era realmente mío.

Reconozco que al principio pensé que jubilarse era simplemente dejar de trabajar. Dormir un poco más. Viajar cuando apeteciera. Disfrutar de una comida sin mirar el reloj.

Pero tardé muy poco en descubrir que la jubilación es mucho más que eso.

Lo que realmente cambia no es que tengas más tiempo. Lo que cambia es que vuelves a decidir qué quieres hacer con él.

Ya no hay reuniones, ni horarios, ni objetivos que marquen el ritmo de cada día. Ahora somos mi familia y yo quienes decidimos cómo queremos vivir nuestro tiempo. Y, aunque parezca una tontería, eso cambia muchas cosas.

Durante años siempre había algo pendiente. Una llamada. Un informe. Una reunión. Un correo que contestar. Vivía así y, la verdad, me gustaba mi trabajo. Formaba parte de mi vida.

Lo curioso es que muchas veces también aplazaba otras cosas. «Ya tendré tiempo», me decía.

Y, de repente, ese tiempo llegó.

Recuerdo mucho una frase de mi padre. Decía: «Solo se aburren los tontos.»

Cuando era joven me parecía una exageración. Hoy la entiendo de otra manera.

Creo que no hablaba del aburrimiento. Hablaba de la curiosidad.

Porque, cuando uno mantiene la curiosidad, siempre encuentra algo que hacer. Siempre hay un libro esperando, un viaje por preparar, una conversación interesante, un proyecto o simplemente una oportunidad para aprender algo que ayer no sabía.

No digo que todos los días sean apasionantes. Hay días tranquilos, incluso días aburridos. Eso también forma parte de la vida.

Lo importante es levantarse por la mañana con la sensación de que todavía quedan cosas por descubrir.

Por eso nunca he entendido la jubilación como el final de nada. Prefiero verla como el principio de otra etapa. Una etapa en la que ya no trabajo por obligación, sino que hago las cosas porque realmente me apetecen.

Este blog nace precisamente por eso. No para dar lecciones a nadie. Tampoco para decir cómo hay que vivir la jubilación. Cada persona tiene su historia y su manera de entenderla.

Simplemente quiero compartir la mía.

Quizá alguien se vea reflejado en alguna de estas líneas.

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